Extraña escuela ¿Y en vuestra casa?
Paseándome suavemente por las baldosas de sus paredes recojo como si fuesen conchas del mar, centenares de cosas aprendidas.
Está muy claro: la cocina de la casa de mis padres ha sido nuestra escuela de vida. Allí hemos dado clases de humanidad, de tolerancia, de respeto y sobre todo hemos aprendido a querernos.
Quizás por su condición de laboratorio de alimentos, quizás por el calor de sus fogones, quizás porque elaborando juntos un casero guiso se unen más las personas. Quién sabe el porque pero se convirtió en la parte más importante de la casa.
Miles de risas y pocos llantos se han cocinado en esa estancia, bienvenidas y despedidas hirvieron con la alquimia de nuestros progenitores; confidencias, consejos, abrazos y besos recién salidos de nuestro horneado corazón.
¿No os parece curioso que el único lugar de “trabajo” del hogar se convierta en una pieza tan esencial en nuestro aprendizaje?

comentarista dijo
Hermoso texto, fluido y elegante. Lo escribiste con la pasión del corazón y la serenidad del querer sin interés, es decir, el de la familia.
Gracias por tu texto.
24 Abril 2007 | 08:36 AM