El dolor se cierra aun con el puñal ensangrentado
Es la miseria y la hiprocresía del individuo la que posee a otro de cualidades volátiles. Aborrezco al personaje que tiende a endiosar a otros olvidando por completo que él y sólo él es el que realiza ese acto. Es su necesidad de altares, su necesidad de crear olimpos en los que sumergirse la que le lleva al autoengaño, mientras que los entronizados corren el riesgo de mostrarse humanos y con ello, devaluarse ante otros y pasar rápidamente de dioses a rastreras cucarachas.
Nosotras, las cucarachas, las sabandijas, los gusanos, no necesitamos agarrarnos al brillo de una corona, y por supuesto mucho menos, ir colocándolas de cabeza en cabeza. No nos deslumbramos, no nos engañamos, no creamos artificios en la mente que no soportamos y que luego proyectamos en los demás. Soy cucaracha y nada más, y se me acusa de falta de entrega porque no encumbro sino que admiro y no venero sino que amo.
La humanidad falla cuando dejamos de otorgarla y reconocerla en los demás, sino somos capaces de ello, absolutamente todos pertenecemos al reino de los destronados porque siempre existe el insecto que necesita vernos brillar.
Salvia Deserta, reflexiones a tren atrasado.

topisto dijo
Aunque algo atrasado desde su publicación. Saludos Salvia.
Estas historias según desde donde se viven, se perciben diferente... La honradez es la clave...
27 Marzo 2009 | 02:05 PM